Archivos de la categoría Rutas Literarias

Fotografías de José Manuel Soto. Ruta Cádiz.

Más fotos. RUTA de CÁDIZ. Frasquita Larrea y Fernán Caballero.

Imágenes de Rocío Martínez.

 

 

Fotos RUTA de CÁDIZ. Frasquita Larrea y Fernán Caballero.

Hola ruteros.

Abrimos el día con la magnífica crónica que el director del Centro Asociado de Cádiz, Manuel Barea, nuestro guía de lujo, acaba de enviarnos.

«CRÓNICA IV RUTA CULTURAL-LITERARIA ORGANIZADA POR EL CENTRO ASOCIADO DE CÁDIZ Y ACTIVIDADES CULTURALES DE LA UNED:

“FRASQUITA LARREA, FERNÁN CABALLERO Y LA BURGUESÍA BODEGUERA PORTUENSE”

28 y 29 septiembre 2019

Frasquita Larrea

Fernán Caballero

 

 

 

 

 

A modo de prólogo…

Cuarta fusión con éxito de las Rutas Culturales y Literarias organizadas por el magnífico equipo de Actividades Culturales de la UNED-Sede Central en colaboración con el Centro Asociado de Cádiz. La primera que realizó este Centro fue en el año 2012 con la “Ruta Constitucional del Cádiz de Las Cortes”; le siguió en el 2014 la dedicada a Caballero Bonald; el año 2018 la centramos en Fernando Quiñones y en esta ocasión sobre dos excepcionales mujeres avanzadas a su tiempo, Frasquita Larrea y su hija Fernán Caballero. Participación de 34 personas procedentes mayoritariamente de Madrid, pero también de Lugo, Sevilla, Almería y Cádiz, entre otras provincias. La benigna climatología nos acompañó en ambas jornadas.

Capítulo I

El sábado amaneció un luminoso día otoñal gaditano, fresco, azul, con brisa suave de poniente, ideal para caminar la ciudad y recordar el Cádiz ilustrado del XIX y sus románticas tertulias literarias entre su callejero neoclásico e isabelino.

Un animoso grupo de amigos de las actividades culturales que organiza la UNED por toda la geografía patria se dio cita en la ciudad de Cádiz, convocados por su Centro Asociado, con el apoyo imprescindible de la Unidad gestionada tan eficazmente por Rocío Martínez Santos y su equipo.

La primera página se abrió en el edificio del Centro, una casa de comerciantes prototipo de la burguesía gaditana de comienzos del siglo XIX, en su salón de los “espejos”, donde antaño hubo recepciones, bailes, tertulias, se tomaba chocolate y se fumaban habanos.

Edificio del Centro Asociado UNED Cádiz, Plaza de San Antonio.

Tras una breve presentación y bienvenida a los “ruteros” a cargo del Director del Centro y de la actividad Manuel Barea (en el isabelino salón de actos) y de la responsable de Actividades Culturales de la UNED, Rocío Martínez, se hizo una breve contextualización histórica al Cádiz de comienzos del siglo XIX, en el cual tuvieron su protagonismo Frasquita Larrea, Fernán Caballero y Margarita de Morla, verdaderas avanzadas y precursoras de un incipiente feminismo acorde con su época.

Tras esta mini exposición académica, y la correspondiente foto de rigor en la planta “noble” del edificio, hubo tiempo para disfrutar del café en las decimonónicas calles y plazas gaditanas, Ancha, San Antonio, Mina, a la fresca de la mañana.

La segunda página se abrió en el Museo de Cádiz. Dos voluntariosos e ilustrados guías nos introdujeron en los albores del Cádiz fenicio, púnico y romano: cráteras, capiteles protoeólicos, estatuillas de diosas y dioses (Astarté, Hércules-Melkart), los famosos sarcófagos antropoides conocidos como la Dama y el “Damo” de Cádiz, la fisonomía de la ciudad en época romana, el concepto de archipiélago de las Islas Gadeiras -citadas por Estrabón en su Geografía-, el mosaico romano aparecido en Puerto Real con el dios Baco en sus teselas, o la imponente estatua de Trajano procedente del yacimiento de Baelo Claudia (Tarifa, Cádiz). Sería largo contar las anécdotas citadas por nuestros dos cicerones, de los que pudimos saborear el “habla de Cádiz”, la misma que viajó en las carabelas y galeones a las Islas Afortunadas, al Caribe y a Tierra Firme, conformando un modo de hablar cuya fonética es similar a las hablas andaluzas atlánticas.

La página siguiente se escribió en las calles y plazuelas: Mina (verdadero jardín botánico), San Francisco y Rafael de la Viesca. Aquí hubo breve parada ante la marmórea lápida dedicada a la tertulia de Frasquita Larrea en la fachada de la casa donde vivió. Más adelante la calle de los Doblones hoy de Manuel Rancés, de clara resonancia comercial y mercantil. Más casonas barrocas con patios de columnas, balconadas, cierros, pisos principales de balcones corridos, las azoteas con sus torres miradores, la piedra ostionera, calles estrechas para aprovechar al máximo el pequeño espacio de esta ciudad-isla-estado.

Bajada de San Francisco, ya animada por el turismo que ha llegado en un buque crucero italiano de la línea “C”. El sol en el cénit casi, calor. Nos ponemos a resguardo en la fresca calle de los Flamencos Blancos, en alusión a esta nutrida colonia de holandeses que se establecieron en Cádiz desde el siglo XVII, contemporáneos de los pintores Rembrandt y Vermeer, que nos trajeron su famosa “mantequilla de Flandes”.

Calle en sombra, apetecible, donde pudimos contemplar fachadas de casas del citado siglo, de piedra ostionera, con bajos dedicados a almacenes donde se guardaban las mercancías que entraban en la ciudad por el mar en los galeones de las flotas que venían de América y Filipinas: café, cacao, azúcar, maderas nobles como la caoba o el palo de santo, mármoles de Génova, especias, sedas, cochinilla, quina o cascarillas, palo Campeche, añil, grana, cueros, marfil, carey, y sobre todo tabaco.

Vista del muelle de Cádiz en el siglo XVIII

El cuarto folio se escribió con vino de Rota, un “Palo Cortao” generoso, de color ámbar, que acompañó unas delicias: atún de Barbate en manteca de cerdo y unos minis de anchoas en salazón. Muchos aprovecharon para hacer acopio de provisiones para la “travesía” de vuelta.

El paseo sin prisas fue el argumento de la siguiente hoja de la ruta: Catedral, con su blanca y refulgente fachada contra un cielo azul índigo; calle Compañía, muy concurrida; Plaza de las Flores con el cautivador olor a “adobo” del freidor; el mercado de abastos, aquí llamado “La Plaza”, donde competían los aromas de los chicharrones y de la manteca “colorá”. Al salir algunos pudimos degustar unos “ostiones” de la tierra con sus gotas de limón.

Por los Callejones de Cardoso alcanzamos el Barrio de la Viña, el más popular y carnavalero, el que asoma a La Caleta. Y nosotros también lo hicimos desde el monumento al autor de coplas de Carnaval Paco Alba: al fondo el Castillo de San Sebastián, donde se dice estuvo el Kronión, con el faro y las escolleras. Una maravillosa pleamar dibujó una estampa marinera pletórica de matices y colores: fortificaciones, barquillas, gaviotas, personal bañándose…

La Caleta «beach»

La sexta página se escribió en la Peña Juanito Villar: dos buenas mesas bien abastecidas suministraron abundante condumio a los cansados ruteros: aceitunas, “papitas aliñás”, queso viejo y lomo; pimientitos fritos para acompañar boquerones, adobo y “pescaílla gaditana del fondón”; de postre pastelitos compartidos. Todo bien regado con cervezas y vinos de la tierra. Una foto final en el “tablao flamenco” -con algún que otro cantesito– inmortalizó el cuadro andalú.

El paseo perimetral fue la siguiente anotación en el diario de bitácora: Playa de La Caleta (lo que fue el canal Bahía-Caleta), Castillo de Santa Catalina, Parador de Turismo (edificio impersonal descontextualizado en ese lugar), Parque Genovés, Alameda de Apodaca, antiguo Gobierno Militar (hoy sede del Rectorado de la UCA), Plaza de San Antonio, calle Ancha, Plaza de Candelaria y Café Royalty, donde se dio por finalizado el recorrido rutero programado para el sábado, a las seis de la tarde.

Pero la ciudad seguía ofreciendo muchas posibilidades, especialmente la visita al buque-escuela argentino Libertad, fondeado en el muelle.

Capítulo II

Jornada dominical. Octava anotación en este “cuaderno de bitácora”. Nos trasladamos a El Puerto de Santa María.

En el tren.

Un agradable paseo en tren sirvió para disfrutar de los caños y marismas de la bahía gaditana. El istmo o arrecife que une Cádiz con la Real Isla de León o San Fernando, los caños del Río Arillo y de Sancti Petri (que convierten a Cádiz y San Fernando en dos islas), el Arsenal de La Carraca donde fondea el buque-escuela Elcano, Puerto Real (al norte de la bahía) y, por fin, El Puerto, sobre el río Guadalete.

Urgentes necesidades de intendencia y logística  (desayuno básico) nos hacen retozar en los alrededores de la férrea estación de ADIF antes RENFE. Mañana de nuevo luminosa, sin viento, de bonanza total.

Por la Ribera del Marisco nos adentramos en el corazón de la ciudad por la margen del Guadalete, ahora en bajamar.

En la Plaza de las Galeras Reales hicimos “estación” y hubo breve explicación de la fuente donde hacían la “aguada” las galeras de la Corona antes de zarpar para las Américas  y donde invernaban atracadas cuando arreciaban los temporales y las flotas arrimaban a buen puerto.

Nueva página. Una vez aprovisionados de los billetes de vuelta en el catamarán, visitamos el Castillo de San Marcos, edificado sobre una anterior mezquita, y esta sobre previos sillares romanos, castillo de estilo almohade, del siglo X.

Castillo de San Marcos (El Puerto de Sta. María)

Aquí instaló el rey Alfonso X la sede de la Orden Militar de Santa María, encargada del “fecho de mar o de allende”, cuya finalidad era “cristianizar” el norte de África e impedir más invasiones islámicas. Su torre hexagonal muestra los símbolos de la corona castellana: el castillo y el león; otra torre tiene inscripciones alusivas a la Virgen de Santa María de El Puerto, a la que el rey Sabio alude en sus Cantigas (hacia 1280).

El folio número diez narra la visita al exterior del coso taurino portuense, erigido en 1880 por un grupo de nobles patricios locales presididos por D. Tomás Osborne Böhl de Faber, descendiente de D.ª Cecilia, la irrepetible Fernán Caballero, cuyo “travestismo onomástico-patronímico” merecería todo un análisis. Hubo fotos ante el morlaco que preside la entrada principal inmortalizan el momento.

Se acerca la hora de la visita a la Bodega Osborne, página undécima de esta narración, fijada para el mediodía. Vamos a visitar una de las catedrales del vino de la comarca vinatera del marco de Jerez. Nuestra anfitriona va a ser Carla Terry, con la cual hemos estado en contacto y que, conociendo la temática de la ruta tan vinculada a esta bodega, ha decidido hacer de cicerone, todo un lujazo que pudimos disfrutar.

La recepción fue con una demostración de “venencia” acompañados de un sorbito de un oloroso médium RF10, vino excelente de la gama normal de la casa. A continuación entramos en la bodega “Derecha”. Hubo explicaciones sobre la “bota del coste” (de donde sacaban vino para los trabajadores); sobre los vinos de la gama alta o VORS (Very Old Rare Sherry), cuyas marcas son: Sibarita, Capuchino, Venerable y 51-1ª, adquiridas a la bodega jerezana de Pedro Domecq. Aparecen botas gloriosas como las dedicadas a las dos casas fundadoras: Duff Gordon (1768) o a Osborne (1772), las “joyas de la corona” de este reino bodeguero.

Carla nos explica el sistema de crianzas del vino: soleras, primeras criaderas y segundas criaderas, botas que se colocan en andanas y maduran con la sombra y el silencio; cómo el vino se saca de las botas de abajo (las soleras) que se van rellenado con vinos de las criaderas: encabezar el vino, magnífica metáfora antropomórfica, de arriba abajo, de la cabeza a los pies, pero con caldos del dios Baco.

Aparecen nombres de marcas ilustres: Solera “El Cid”, fino “Coquinero”, solera BC200, Soleras Indias o borbónicas. O la genealogía de los fundadores de la bodega en las botas: Frasquita Larrea, Sir James Duff, Thomas Osborne Mann o Fernán Caballero.

Tras las maravillosas explicaciones de nuestra guía Carla, pasamos a la “sacristía” de la “catedral”, donde nos explican los seis tipos básicos de vino de esta bodega: fino Quinta, fino Coquinero, oloroso Bailén, oloroso “médium” RF10, cream Santa María y el Pedro Ximénez.

La “sacristía” de la «catedral»

A continuación pasamos a la sala dedicada al “Toro de Osborne”, con interesantes explicaciones de los fundadores de la bodega, historia del Toro, cartelería, fotos de los primeros que “apacentaron” por la geografía nacional, etc. (inolvidables en cualquier viaje por las carreteras de la piel de toro, en los horizontes).

Pero quizás lo más novedoso fue la relación entre la familia de bodegueros, Fernán Caballero y sus adivinanzas (como la del “viento”), y el escritor J.R.R. Tolkien (el autor de El señor de los anillos y El hobbit). Todo un hallazgo inesperado y muy literario. Asimismo, el árbol genealógico de los fundadores de la Casa Osborne, el parentesco que casi 250 años después tiene afortunadamente continuidad comercial. El Puerto de Santa María debe mucho a esta saga bodeguera que echó sus raíces británicas en tierra gaditana y ha contribuido a difundir internacionalmente el nombre de la ciudad del Guadalete.

En la sala de degustaciones pudimos saborear estos caldos y apreciar sus colores, olores y sabores, en sus correspondientes catavinos. Buen momento para la tertulia y las anécdotas, fotos, etc. Excelente “rengue”, acompañados de nuestra ilustrada y amable guía.

El paso por la tienda fue obligado y el grupo adquirió algunas maravillas, especialmente caldos, como recuerdo del viaje y estancia en estos ámbitos únicos.

La penúltima página, duodécima, narra cómo el animado grupo rutero, ya algo cansado, dio cuenta de un soberbio condumio en los “ruidosos” salones del bar-restaurante “La Nueva Dorada”, en la misma ribera del río. El menú ofrecía: aceitunas verderonas, huevas aliñás, pavías de merluza rebozada y revuelto de bacalao; de fondo, un arroz paella y de postre tarta helada. Vinos y cervezas a discreción. No estuvo mal la cosa. Cafés y otros generosos fueron consumidos en barra a escote.

Y llegó el capítulo final, el regreso a Cádiz en el catamarán, antes era en el añorado Vaporsito. Puntual, a las 17:15, soltaba amarras en las aguas del Guadalete la nave repleta de viajeros. Nos desperdigamos por las amuras de babor y estribor, la popa y la cubierta superior para disfrutar de las vistas de la bahía: Valdelagrana a Levante, La Puntilla al NW y al fondo, al sur, Cádiz entre una ligera bruma, con la catedral al fondo. Hace doscientos años la bahía estaba llena de bajeles y velámenes.

La entrada en la bocana del puerto estuvo flanqueada por el buque crucero Costa Mediterránea, de la genovesa línea C, y el buque escuela argentino Libertad, que tenía sus blancas velas “arranchadas” por lo alto.

Buque-escuela argentino “Libertad”

A las 18:00 la tripulación llegó a buen puerto y se dio por finalizada esta IV Ruta Literaria-Cultural. Despedidas, agradecimientos y buen ambiente entre los participantes.

Epílogo:

Excelentes sensaciones, deseos de regresar a Cádiz, proyectos en la “cocina”, despedidas inevitables y magníficas vivencias literarias, culturales y humanas.

¡Volveremos!

«El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos«

(Cervantes, El Coloquio de los perros, 1613)

Manuel Barea Patrón

 

Domingo 29 de septiembre. Fotos de Manuel Barea.

Más fotos de la ruta, de Rocío Martínez aquí.

Más fotos de la ruta de José Manuel Soto aquí.

Adiós Avelino Tomé…

 

Acabamos de enterarnos de que uno de nuestros primeros y más asiduos y comprometidos «ruteros», Avelino Tomé, compañero de tantas y tantas rutas no volverá a acompañarnos. No volveremos a gozar de sus agudas y, tantas veces, acertadas críticas,  de sus comentarios casi siempre envueltos en un toque de humor, de su notable calidez, de su indudable lealtad.

Adiós, querido Avelino. SIT TIBI TERRA LEVIS.

Reportaje de José Manuel Soto. Ruta de Valencia

FOTOS RUTA VALENCIA

Como es habitual, esto que veis es sólo un aperitivo de las fotos de esta ruta (faltan las de José Manuel Soto y las que queráis enviar los demás).

Por nuestra parte solo queda el agradecimiento a la labor del C.A. de Valencia, capitaneado por su director, Alejandro Cerdá, y al verdaderamente magnífico trabajo de Cristina Moya, Marta Ruiz y Milagros Moro.

Rocío Martínez

INICIO DE LA RUTA: IVAM Y MESA REDONDA
(Milagros Moro, Marta Ruiz y Josep Salvador que nos ofrecieron una primera aproximación histórica y artística de las vanguardias de entresiglos en Valencia)

OBRA Y MUSEOS: PINAZO y SOROLLA

IVAM y Museo de Bellas Artes.

CASA DE BENLLIURE

ESTACIÓN DEL NORTE

LUGARES EMBLEMÁTICOS Y LUGARES CURIOSOS

CALLE Y COMIDAS

Crónica y reportaje de la ruta dedicada a Fernando Quiñones y Cádiz.

CRÓNICAS DE FERNANDO

La idea de la Ruta surgió en torno a las celebraciones del vigésimo aniversario del fallecimiento del escritor gaditano Fernando Quiñones († 1998), efeméride que ha coincidido con el 50º aniversario del nacimiento del festival de cine “Alcances” (1968), concebido y parido por el autor de Las mil noches de Hortensia Romero.

Con el entusiasta apoyo del Equipo de Actividades Culturales de la UNED pusimos en marcha esta Ruta temática en torno a la vida y obra de este autor. Es la tercera que el Centro Asociado de la UNED de Cádiz organiza: en el 2012 dedicada al Bicentenario de Las Cortes de Cádiz de 1812, y en el 2014 al escritor Caballero Bonald.

La participación ha sido de 35 personas de diversas procedencias. El contingente mayor procedía de Madrid, pero hemos tenido la suerte también de compartir vivencias con personas de Barcelona, Tenerife, Granada, Adra (Almería), Orihuela (Alicante), Almadén (Ciudad Real), Sevilla, Puerto Serrano (Cádiz), Chiclana de la Frontera (Cádiz) y Cádiz ciudad.

El sábado 29 la concentración de “ruteros” fue en la sede del Centro Asociado, ubicado en la Plaza de San Antonio, donde hubo palabras de bienvenida a cargo de la Coordinadora de la Ruta, Rocío Martínez, y del Director del Centro, Manuel Barea. Se entregó un pequeño dosier con información sobre las ciudades de Cádiz y Chiclana, y extractos de algunas de las obras de Fernando Quiñones, editado por la Unidad Técnica de Actividades Culturales de la UNED.

Se visitaron, por este orden: la plaza de San Antonio, flanqueada por soberbias casas de estilo neoclásico e isabelino; a continuación, la iglesia parroquial de San Antonio, el Oratorio de San Felipe Neri -vinculado con las Cortes de Cádiz de 1812-, el Museo de Las Cortes (maqueta de Cádiz de 1779 y cuadro de Proclamación de la Constitución de 1812), el Gran Teatro Falla (sede de los Festivales de Alcances, de estilo neo-mudéjar), el Espacio Quiñones (donde hubo lecturas a cargo de sus gestoras), vistas de la playa de La Caleta (muy unida al universo literario del autor) y se cerró la jornada matinal con un almuerzo en la “Peña Juanito Villar”, uno de los templos del flamenco gaditano.

Tras el merecido descanso, la jornada continuó en el Salón de Actos del Centro Asociado, ideal para mitigar el calor gaditano. Tuvimos la suerte de que nos acompañase Mariela Quiñones Consolani, hija del escritor. La sesión comenzó con una breve semblanza sobre la importancia de Fernando Quiñones en el panorama literario nacional, con mención de algunos de sus premios más importantes. Se mostraron fotos a modo de biografía visual, que fueron comentadas por su hija, dando un toque humano y vivencial a las explicaciones, con anécdotas impagables de la trayectoria humana y personal de Fernando Quiñones. El acto finalizó con una lectura de textos a cargo de Mariela. Hubo foto final en el Centro para recordar este entrañable e inolvidable momento, con el que se cerraban las actividades del sábado.

El domingo los ruteros nos trasladamos a Chiclana de la Frontera, localidad de nacimiento de Fernando. Allí, en la Fundación que lleva su nombre, fuimos recibidos por su gestora, Mari Ángeles. Nos introdujo a la vida y obra del autor, nos mostró las salas dedicadas al mismo y finalmente leyó fragmentos de Las mil noches de Hortensia Romero y de uno de los relatos incluidos en la colección Tusitala.

Bajo el “arquillo del reló” descendimos a la alameda del río Iro, ahora en bajamar, y nos volvimos a concentrar en la bodega “La Cooperativa”, otro templo, este del vino fino chiclanero. Allí, la sabia docencia de su Presidente, D. Manuel Manzano, nos sumergió en el arte de la enología y la viticultura, explicándonos los procesos por los que el mosto de la uva llega a convertirse en esos preciados caldos que son el vino o el vinagre. Los olores eran penetrantes. Finalmente hubo degustación del Fino “Chiclanero”, Cream “Sarmiento” y del Moscatel “Don Matías”. Brindis final como colofón de esta magnífica visita. Hubo compras en la tienda de la bodega, la calidad de los néctares bien lo merecía.

El bus nos trasladó al Centro de Recursos Ambientales “Las Salinas de Chiclana” ubicado en la salina Santa María de Jesús, en medio de un paisaje de salada llanura mareal. Aquí pudimos conocer el arte salinero: cómo el agua del océano atlántico penetra con las altas pleamares en un laberinto de esteros, lucios o vueltas de agua, vueltas de retenida, tajerías y tajos para que la sal vaya evaporándose hasta producir cristales o escamas que se recogen en cuatro cosechas anuales. Además, estos estanques salados naturales son el hábitat de cangrejos “violín” (las famosas “bocas de La Isla”), anguilas, bailas, robalos, doradas, lenguados, lisas, almejas, camarones…, y dan vida a una nutrida colonia de aves de marisma (garcetas, avocetas, flamencos, gaviotas, chorlitejos, cormoranes, águilas pescadoras, alcaudones, etc.). Aquí nos dieron de yantar y pudimos degustar el sabroso “pescao” de estero.

Tras unas palabras finales de agradecimiento a los participantes en esta Ruta Literaria –sin los cuales no hubiese sido posible- regresamos de nuevo a Cádiz desde donde “cada mochuelo voló a su olivo”.

CRÉDITOS

UNED – Actividades Culturales
Oratorio San Felipe Neri (Cádiz)
Delegación de Cultura del Excmo. Ayto. de Cádiz
Personal del Gran Teatro Falla (Cádiz)
Espacio Cultural “Fernando Quiñones” (Cádiz)
“Peña Juanito Villar” (Cádiz)
Mariela Quiñones Consolani
Personal del Centro Asociado UNED Cádiz
Fundación “Fernando Quiñones” (Chiclana)
Bodega Cooperativa (Chiclana)
Centro de Recursos Ambientales “Las Salinas” (Chiclana)
Viajes Rico

Y a todos los “ruteros” que nos han acompañado con un espíritu positivo, colaborativo y plenos de interés por esta apuesta literaria. Ellos son los verdaderos protagonistas.

Manuel Barea Patrón
30 septiembre 2018

Fotografías de Antonio Cardín:

Fotografías de Mario Rosano:

Fotos de José Manuel Soto de la Ruta de Cádiz.

Crónica y primeras fotos de la Ruta de Cádiz: Fernando Quiñones

CRÓNICAS DE FERNANDO

La idea de la Ruta surgió en torno a las celebraciones del vigésimo aniversario del fallecimiento del escritor gaditano Fernando Quiñones († 1998), efeméride que ha coincidido con el 50º aniversario del nacimiento del festival de cine “Alcances” (1968), concebido y parido por el autor de Las mil noches de Hortensia Romero.

Con el entusiasta apoyo del Equipo de Actividades Culturales de la UNED pusimos en marcha esta Ruta temática en torno a la vida y obra de este autor. Es la tercera que el Centro Asociado de la UNED de Cádiz organiza: en el 2012 dedicada al Bicentenario de Las Cortes de Cádiz de 1812, y en el 2014 al escritor Caballero Bonald.

La participación ha sido de 35 personas de diversas procedencias. El contingente mayor procedía de Madrid, pero hemos tenido la suerte también de compartir vivencias con personas de Barcelona, Tenerife, Granada, Adra (Almería), Orihuela (Alicante), Almadén (Ciudad Real), Sevilla, Puerto Serrano (Cádiz), Chiclana de la Frontera (Cádiz) y Cádiz ciudad.

El sábado 29 la concentración de “ruteros” fue en la sede del Centro Asociado, ubicado en la Plaza de San Antonio, donde hubo palabras de bienvenida a cargo de la Coordinadora de la Ruta, Rocío Martínez, y del Director del Centro, Manuel Barea. Se entregó un pequeño dosier con información sobre las ciudades de Cádiz y Chiclana, y extractos de algunas de las obras de Fernando Quiñones, editado por la Unidad Técnica de Actividades Culturales de la UNED.

Se visitaron, por este orden: la plaza de San Antonio, flanqueada por soberbias casas de estilo neoclásico e isabelino; a continuación, la iglesia parroquial de San Antonio, el Oratorio de San Felipe Neri -vinculado con las Cortes de Cádiz de 1812-, el Museo de Las Cortes (maqueta de Cádiz de 1779 y cuadro de Proclamación de la Constitución de 1812), el Gran Teatro Falla (sede de los Festivales de Alcances, de estilo neo-mudéjar), el Espacio Quiñones (donde hubo lecturas a cargo de sus gestoras), vistas de la playa de La Caleta (muy unida al universo literario del autor) y se cerró la jornada matinal con un almuerzo en la “Peña Juanito Villar”, uno de los templos del flamenco gaditano.

Tras el merecido descanso, la jornada continuó en el Salón de Actos del Centro Asociado, ideal para mitigar el calor gaditano. Tuvimos la suerte de que nos acompañase Mariela Quiñones Consolani, hija del escritor. La sesión comenzó con una breve semblanza sobre la importancia de Fernando Quiñones en el panorama literario nacional, con mención de algunos de sus premios más importantes. Se mostraron fotos a modo de biografía visual, que fueron comentadas por su hija, dando un toque humano y vivencial a las explicaciones, con anécdotas impagables de la trayectoria humana y personal de Fernando Quiñones. El acto finalizó con una lectura de textos a cargo de Mariela. Hubo foto final en el Centro para recordar este entrañable e inolvidable momento, con el que se cerraban las actividades del sábado.

El domingo los ruteros nos trasladamos a Chiclana de la Frontera, localidad de nacimiento de Fernando. Allí, en la Fundación que lleva su nombre, fuimos recibidos por su gestora, Mari Ángeles. Nos introdujo a la vida y obra del autor, nos mostró las salas dedicadas al mismo y finalmente leyó fragmentos de Las mil noches de Hortensia Romero y de uno de los relatos incluidos en la colección Tusitala.

Bajo el “arquillo del reló” descendimos a la alameda del río Iro, ahora en bajamar, y nos volvimos a concentrar en la bodega “La Cooperativa”, otro templo, este del vino fino chiclanero. Allí, la sabia docencia de su Presidente, D. Manuel Manzano, nos sumergió en el arte de la enología y la viticultura, explicándonos los procesos por los que el mosto de la uva llega a convertirse en esos preciados caldos que son el vino o el vinagre. Los olores eran penetrantes. Finalmente hubo degustación del Fino “Chiclanero”, Cream “Sarmiento” y del Moscatel “Don Matías”. Brindis final como colofón de esta magnífica visita. Hubo compras en la tienda de la bodega, la calidad de los néctares bien lo merecía.

El bus nos trasladó al Centro de Recursos Ambientales “Las Salinas de Chiclana” ubicado en la salina Santa María de Jesús, en medio de un paisaje de salada llanura mareal. Aquí pudimos conocer el arte salinero: cómo el agua del océano atlántico penetra con las altas pleamares en un laberinto de esteros, lucios o vueltas de agua, vueltas de retenida, tajerías y tajos para que la sal vaya evaporándose hasta producir cristales o escamas que se recogen en cuatro cosechas anuales. Además, estos estanques salados naturales son el hábitat de cangrejos “violín” (las famosas “bocas de La Isla”), anguilas, bailas, robalos, doradas, lenguados, lisas, almejas, camarones…, y dan vida a una nutrida colonia de aves de marisma (garcetas, avocetas, flamencos, gaviotas, chorlitejos, cormoranes, águilas pescadoras, alcaudones, etc.). Aquí nos dieron de yantar y pudimos degustar el sabroso “pescao” de estero.

Tras unas palabras finales de agradecimiento a los participantes en esta Ruta Literaria –sin los cuales no hubiese sido posible- regresamos de nuevo a Cádiz desde donde “cada mochuelo voló a su olivo”.

CRÉDITOS

UNED – Actividades Culturales
Oratorio San Felipe Neri (Cádiz)
Delegación de Cultura del Excmo. Ayto. de Cádiz
Personal del Gran Teatro Falla (Cádiz)
Espacio Cultural “Fernando Quiñones” (Cádiz)
“Peña Juanito Villar” (Cádiz)
Mariela Quiñones Consolani
Personal del Centro Asociado UNED Cádiz
Fundación “Fernando Quiñones” (Chiclana)
Bodega Cooperativa (Chiclana)
Centro de Recursos Ambientales “Las Salinas” (Chiclana)
Viajes Rico
Y a todos los “ruteros” que nos han acompañado con un espíritu positivo, colaborativo y plenos de interés por esta apuesta literaria. Ellos son los verdaderos protagonistas.

 

Manuel Barea Patrón
30 septiembre 2018

Texto y algunas fotos de José Manuel Soto de la Ruta de Palencia

Texto leído por José Manuel Soto durante la comida de la ruta palentina:

LA MONTAÑA DE DIOS, LA MONTAÑA PALENTINA

Cuando hace unas semanas, Manuel me llamó y me pidió que hablara después de él en ésta comida y dije que sí, pensé que siempre quedaba la posibilidad de que el horario de un Ave o el anuncio de unas obras en la carretera de vuelta, cómo la última vez que estuvimos en estos salones, me librara de beber este cáliz.

Pero parece que no, que este año podremos completar el acto sin incidentes, ni tener que salir corriendo dejando los cafés sobre la mesa.

Es que esto de hablar en público no es lo mío, y eso que profesionalmente lo he tenido que hacer en alguna ocasión. Siempre en las presentaciones que hacemos me quedo con el regustillo de no haber expresado suficientemente lo que pienso en ese momento.

Pero estamos aquí nuevamente, ésta es la quinta vez que comemos en este restaurante, en las rutas por el Románico palentino y aún queda románico para dar y tomar.

Hace unos días, el 19 de abril, se cumplían diez años de la primera ruta que se hizo por estas tierras, diez años en que la alcaldesa de Paredes de Nava recibió a los participantes en la 3º ruta que el equipo de Actividades Culturales, con Mercedes, Rocío y todos los demás, no muchos más, organizaban como vehículo para la difusión de la lectura, el arte, los autores, la historia y nuestras tierras.

Y ya vamos por la cuarenta y cuatro, dentro de seis, la ruta número CINCUENTA.

En estas cinco rutas por estas tierras, hemos descubierto una de las mayores concentraciones de Románico de Europa, del mundo.

El recorrido que el Camino de Santiago hace por Palencia, ha dejado sembrados multitud de monumentos que nos traen el recuerdo de otra época, pero que se mantiene viva.

Nos han descubierto lugares como Carrión de los Condes, San Martín de Frómista, Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga, San Andrés del Arroyo, la Iglesia rupestre de Olleros de Pisuerga, la Iglesia de San Eufemio de Cozuelos, el Monasterio de San Andrés del Arroyo. Hemos visitado varias veces la Colegiata de San Pedro de Cervatos, descubriendo sus particulares canecillos.

Y descubrimos Palencia, su Catedral, gótica, larga, una de las más grandes de España, sobre restos visigodos que nos esperaban en la Cripta de San Antolín, pero sin una fachada principal, y dónde, contemplando el retablo de Juan de Flandes, alguien nos dijo que: “los palentinos somos muy flamencos”.

Y no nos faltó descubrir que también los romanos dejaron su impronta, visitando las excavaciones de la Villa romana de La Olmeda, creo recordar que unos días antes de que estas excavaciones fueran inauguradas por la reina Sofía, nos adelantamos a ella, cómo esta vez con la exposición de las Edades del Hombre.

Y hemos visitado varias veces, en Aguilar de Campoo, Santa María la Real, hemos ido viendo la evolución de su restauración y su puesta en valor,

«Hasta una ruina puede ser una Esperanza».

Sede de la fundación que lleva su nombre, del Centro de Interpretación del Románico. Y cada vez que pienso en ella, no puedo dejar de imaginarme a Peridis hablando del románico en sus programas de televisión.
Pero también sede de la UNED en estas tierras.

No podemos olvidar la gastronomía, recia y fuerte. En todas las rutas con algo particular, pero también con la tradición del fin de fiesta en este restaurante en el que estamos.

Recuerdo muy vivido es el de la comida en el Mesón de los Templarios, en Villalcázar de Sirga, dónde fuimos recibidos a la puerta por el mesonero Mayor, Pablo, quién nos recitó la carta de bienvenida al son de la dulzaina y del tamboril. Lugar en el que degustamos los manjares típicos del cerdo cómo entrante y un cordero asado que nos fue llevado a la mesa en andas, bailado por los camareros, con más música, y todo ello servido sobre las propias hogazas de pan abierto a modo de platos.

Terminamos aquella mítica comida –los que estuvimos no la hemos olvidado- al son de dulzaineros castellanos, cantando a la tía Melitona, gracias a los efluvios del “licor del peregrino” y a la “premeditación” de Manuel al haber llevado y repartido las correspondientes chuletas con el texto:

La tía Melitona ya no amasa el pan
Po que le falta el agua, la harina y la sal
Y la levadura la tiene en Pamplona
Por eso no amasa la tía Melitona
Y la levadura la tiene en Pamplona
Por eso no amasa la tía Melitona

Y aquí termino, nos queda aún materia para seguir descubriendo estas tierras, sus monumentos, sus gentes, su gastronomía, que las Rutas sean siempre el aperitivo para que nosotros las sigamos descubriendo y mostrándoselas a los que vengan con nosotros.

Que nos sirvan para “abrir boca”, que aprovechemos la mano de los escritores a los que seguimos y los hechos históricos que descubrimos para aprender y enseñar.

Y, por supuesto, dar las gracias a los que habéis hecho posible este ambiente, a ti Manuel, por tu amor por la historia y por estas tierras, y por tu humor,
A ti Rocío, por todo lo que has dado por ellas y por la gestión.
Y a ti Mercedes, por habérsete ocurrido y haberlas encauzado enfrentándote a muchos inconvenientes en momentos duros y por seguir en ellas.

Y por supuesto, a toda la gente que os ha acompañado en este proyecto durante éstas CUARENTA Y CUATRO rutas.

Para refrescar mis recuerdos y llegar a aquellos que yo no viví he recurrido al libro Rutas Literarias (Uned 2011) de Leonor García y María Peñuela.

Más fotografías de la Ruta de Palencia.