Fantomas contra los vampiros multinacionales

fantomas

Julio Cortázar

Con este título tan largo Fantomas contra los vampiros multinacionales el escritor argentino ya nos está revelando de qué va la breve novela de 1975. Porque el argumento es eso y nada más: las grandes multinacionales están detrás de la maldad del mundo, apoyan a regímenes políticos tiránicos sin ningún escrúpulo, todo para maximizar beneficios económicos. Para luchar contra estos malvados enemigos, se alían –agárrense a sus asientos- los escritores contemporáneos Susan Sontag, Alberto Moravia, Octavio Paz, el propio Cortázar… con el personaje de tebeo francés Fantomas, villano reconvertido en héroe para la ocasión.

Las peripecias de los personajes son escasas y pobremente narradas, la verdad; un anodino viaje en tren de donde arranca la historia, y el resto, unas irónicas conversaciones telefónicas, constituyen todo el hilo conductor. Los textos vienen acompañados por ilustraciones, la mayoría de un tebeo mexicano que se publicó previamente y que convertía en personaje de ficción a los escritores arriba citados. De hecho, cuando llega a las manos de Cortázar la historieta, éste decide darle una vuelta más de tuerca para publicitar las conclusiones del Tribunal Russell al que pertenecía.

¿Y qué es el Tribunal Russell nos preguntamos? Pues un organismo  creado por el filósofo británico Bertrand Russell para denunciar y condenar los crímenes de guerra (Vietnam por ejemplo) y las atrocidades de los gobiernos latinoamericanos etc. Pertenecían al mismo, personalidades como Sartre y Beauvoir, Peter Weiss, Lázaro Cárdenas… acompañados de otros pertenecientes en su mayoría a organizaciones pacifistas.

El libro, es, por lo tanto, una mera excusa para expresar las ideas políticas de izquierdas del autor, aunque, eso sí, matizadas por la voluntad del tribunal mencionado, cuyo interés radicaba en una defensa general de los derechos humanos. Lo más llamativo, dentro del ámbito puramente literario, reside en el acercamiento de un escritor tan popular como lo era Cortázar, al mundo de la historieta. Ahí queda como curiosidad, para los amantes de los libros raros y excéntricos; para los que tienen un corazón algo otaku.

                                                                                                                                  (Carlos de Abuin)

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